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Paul
Fisher, un americano especializado en los cojinetes de
los motores de los bombarderos durante la Segunda Guerra
Mundial, no podía ni imaginarse que
llegaría
un día en que revolucionaría
la capacidad de escritura de los bolígrafos...
y con ello, permitiría
la comunicación entre los astronautas en el espacio
exterior.
El trabajo de Paul empezó en 1945, al darse cuenta
que el negocio de los cojinetes
se acabaría con
la Guerra. En su trabajo de investigación, oyó que
una compañía estaba intentando fabricar un
bolígrafo. Dicha Compañía tenia por
el momento un bolígrafo de muy poca confianza; el único
recambio disponible, o desprendía demasiada tinta
y manchaba, o se secaba antes de lo previsto.
En 1950 Paul Fisher no solo había solucionado
el problema de los recambios sino que empezó su
propia Produccion de repuestos e introduciendo el modelo
Bullet.
Paul sentía verdadera pasión por sus bolígrafos.
Después de invertir un millón de dólares
en investigación, invento un cartucho que escribía
en cualquier posición, gracias a un repuesto presurizado
con gas nitrógeno.
Se acabaron las manchas de tinta
en la ropa; había nacido un bolígrafo cuyo
funcionamiento era suave y maravilloso.
Paul tenía otra misión en mente para su bolígrafo:
introducir este cartucho único en la NASA. El bolígrafo
Fisher supero un exhaustivo test y fue consecuentemente
aprobado para una misión espacial de prueba. En
1968 el Fisher Space Pen fue incondicionalmente autorizado
y pedido para el uso de los astronautas en todas las
misiones en el Espacio.
El 21 de Julio de 1969, el mundo
fue testigo del apasionante espectáculo científico
de la Caminata en la Luna que se vio por televisión. Neil
Armstrong y Edwin "Buzz" Aldrin hicieron historia. De regreso
en la nave, los astronautas se disponían para volver
a la Tierra. Armstrong se dio cuenta entonces de que no
disponían mas que de una mínima cantidad
de oxigeno. Un lanzamiento fallido estaba fuera de sus
planes, el Apollo XI tenía que tener éxito
al primer intento de despegue.
Houston ordeno a la tripulación en la Luna todos
los objetos cuya utilidad no fuera primordial: útiles
y herramientas, cámaras de fotos, comida sobrante,
etc... Entrando en el LEM, la mochila
de un astronauta choco contra el interruptor de encendido
y lo rompió accidentalmente.
Una catástrofe!
Sin herramientas, abandonadas en la Luna, fue imposible
intentar repararlo. Tampoco podían abrir el modulo
lunar a causa de la escasez de oxigeno. Había que
encontrar una solución rápidamente...!
En Houston, los ingenieros se reunieron ansiosos ante
la reproducción exacta del modulo lunar de tamaño
natural y simularon la avería de forma idéntica
con el fin de encontrar una solución. La tensión
iba en aumento, pero una forma mecánica y automática,
los especialistas controlaron los nervios y trabajaron
para encontrar una respuesta. Después de algunos
minutos, un ingeniero se precipito al interior del modulo
y usó el Fisher Space Pen como herramienta para activar
el interruptor y poner en marcha el motor. El
contacto funciono y se escuchó un gran aplauso
de éxito. Los astronautas repitieron
la maniobra y el LEM tuvo un exitoso despegue.
El Apollo XI volvió a la Tierra sin novedad. Debido
a la naturaleza del proyecto, estos incidentes se convirtieron
en un episodio inconfesable en la Conquista del Espacio,
hasta que fueron revelados por John McLeaish de las Relaciones
Publicas de la NASA y escritos por Carl W. Ritter en San
Diego Unión Journal.
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Historia
de la compañía | Space
Pen salvó a los astronautas
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